SENTIR, FLUIR Y DEJAR DE PENSAR
En el artículo anterior te hablé de la envidia y del amor.
Hoy, quiero contarte
una reflexión y, a su vez, aprendizaje personal, relacionado con lo segundo.
Si eres de lxs que me
conocen de hace un tiempo, sabrás que llevo unos 3 años soltera y que el amor
de pareja como tal, me ha interesado más bien poco y, si no, te estarás
enterando ahora de ello.
Pues bien, ahora os
voy a contar a ambos que hace algunos meses me volvió a ‘picar el gusanillo’
del amor.
Por qué no nos engañemos,
¿a quién no le gusta tener a alguien que lx ame incondicionalmente con quien
poderlo compartirlo todo?
Pues eso. Que mi
cabecita loca empezó a pensar sobre el amor.
Ni he negado ni negaré
nunca que hace casi 3 años fui yo quien decidió con total seguridad que el
único amor de mi vida iba a ser yo misma.
Sí, el amor propio es
algo que muchas veces nos falta, pero hay que ser consciente de ello y ponerle
solución.
Y sí, había decidido
darme un largo tiempo para reconocerme y conocerme muy mucho a mí misma.
Obviously, cuando tomé
esa decisión, tomé también la de no priorizar el conocer a otra persona.
Pero…
Todo esto fue hace ya
casi 3 años (osea, hace mil).
Y como persona que
soy, hace unos meses modifiqué mi postura ante el tema.
Supongo que para
querer tener el amor de otrxs y poder darlo, primero tienes que dártelo a ti. Y
eso había estado haciendo yo.
Y ¡qué orgullosa me
siento de mí misma por haberme permitido desconectar del amor romántico para
dármelo a mí y a todas aquellas personas que me rodeaban según iba avanzando en
mi proceso/vida!
Pero… ahora que había decidido que estaba “preparada” para tener una relación de amor romántica,
¿cuál era el siguiente paso?
Es obvio que estar en
pandemia no ayuda y que mis miedos y barreras mentales estaban atrayendo a mí
personas que no eran las indicadas para ello. Y me vino una idea a la cabeza
que he comentado varias veces con mi mejor amiga:
‘Si te centras solo en
lo que tienes a tu alrededor e intentas hacer que algo suceda, no sucederá
porque en cierto modo, lo estás forzando’.
Y me puse a
reflexionar. Hasta ahora había estado haciendo las cosas de un modo y, nada.
Sabía que, por arte de magia, no iba a aparecer una persona compatible conmigo
a todos los niveles. Así que, llegados a este punto, solo podía hacer las cosas
de manera diferente.
Tome otra decisión.
Iba a estar abierta a
nuevas personas, a no quedarme con primeras impresiones ni a juzgar (aunque es
algo que no suelo hacer mucho), a nuevos planes, a cualquier cosa que se
escapara un poco de mis habituales.
Había decidido que mi nueva filosofía de vida iba a ser fluir.
Para ello, era consciente de que mi postura iba a ser pensar un poco menos y lanzarme más, porque si no, corría el riesgo de que mis miedos o mi cabecita loca me frenaran.
Y no quería eso, porque yo quería sentir, pero sentir algo
bonito y de verdad.
Todo lo que pasó a
partir de ese momento, es decir, desde prácticamente principio de verano, solo
lo puedo resumir con una palabra: MÁGIA.
No solo he encontrado y encajado con la persona, sino que también me he seguido conociendo aún más a mí.
He aprendido a planificar y
tener más claro que nunca cual quiero que sea mi futuro laboral y he ido dando
pequeños pasos para acercarme un poco más a ello.
He descubierto que no hay que pensar tanto, porque las cosas que tienen que pasar, solo acabarán pasando si fluyes y permites que ocurran.
Pensar está muy bien
sí, pero mejor está saber cuándo y de qué modo hacerlo, ya que no todas las
cosas requieren lo mismo de nosotrxs y de nuestros pensamientos.
Piensa menos y
acertarás.
O quizá no, pero lo
que te puedo asegurar es que aprenderás. De ti y del resto.
En mi caso particular, el identificar cuándo era necesario que dedicara mi energía a pensar, me ha aportado cosas positivas.
No solo por no entrar en bucles mentales, que
también, sino porque ha sido el empujoncito que necesitaba para fluir y sentir,
que es lo que pretendía inicialmente.
El resto, ha ido
llegando solo.
Sí, a unas velocidades
abrumadoras e inmensas, pero tomé una decisión y he sido fiel a ella. Y pienso
seguir siéndolo.
Dicen que el amor todo
lo cura y todo lo cambia. Pero yo no entendía la verdad y la fuerza de esta
frase hasta que lo he empezado a vivir.
Porque la vida va un
poco de eso.
De entender, de
conocer (y conocerse), de compartir, de luchar, de superar (y superarse), de
lograr metas y objetivos, de caminar y avanzar, de permitir que afloren
emociones y sentimientos… Y sí, de vivir.
Ya te conté
anteriormente lo qué es para mí la vida y, espero que tú también hayas
reflexionado sobre ello (sino, aún estás a tiempo), pero al final, lo
importante es ser consciente de cómo la vivimos, de que somos los dueños de
nuestras propias vidas y de que podemos (y debemos) tomar acción.
Desde que lo hice y
decidí que iba a cambiar mi filosofía de vida (y la puse en práctica), la
energía que se ha creado a mi alrededor ha sido una pasada.
Puede que pienses que
soy más hierbas de lo que he confesado ser o puede que quieras experimentarlo
en tus propias carnes.
Si eres de los
segundos, te diré que te permitas no pensar tanto en las cosas y que pongas el
foco en lo que sientes, sin pensar en nadie más que en ti.
Desde que lo estoy
haciendo mi felicidad ha aumentado a niveles exagerados.
Recuerda: piensa
menos, siente más y fluye.
Drew
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